domingo, enero 08, 2017

Anormalidades azucaradas

Mi tranquilidad
fue sentir que no te saciaría el deleite
que te aburriría
la repetición diaria de mis treinta y siete grados
entre dos ojos y medio pie,
intenté inútilmente conseguir
el cansancio de tus nalgas sin orgasmo siendo inmóvil,
desvistiéndome a pedazos,
eyaculando por fragmentos,
emocionándome en regiones,
como esa región que nunca nos tocamos
por miedo epóxico
no a la adhesión sino al despegue
despegue sin pista ni vuelo
despegue de quinto grado
que arrancara piel, hueso, médula y ganas de respirar
despegue que se sintiera salto
y velocidad de escape astronómica
que se sintiera desafío a la gravedad
o satélite en deriva.

Mi verdadero miedo fue
que sí te hiciera feliz coger entre témpanos a menos quince celsius
y que el hielo caliente se transformara en tu figura
que buscaras la hipertensión como máquina
y que sí te quedaras ahí
en la monotonía de esa recaída persistente,
frecuente pero sin ritmo, sin calor ni ganas,
sin búsqueda ni esperanza.

Mi verdadero miedo
es que te haga feliz la supervivencia
y que a mí también.

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