domingo, agosto 20, 2017

Expirar

Orgasmo simultáneo
respiración y excreción sincronizada
mismo peso y rostro
único ángulo de visión
y unísono discurso.

Esos que exigen homogeneidad en la muerte
son los mismos que exigen homogeneidad en la vida.

Exigiste fusionar nuestras muertes,
que nos terminara la misma bala,
cerraste puertas, ventanas y ventilas
para que se nos acabara el aire al mismo tiempo.
Pero no nos dimos cuenta que nuestro tiempo nunca es el mismo
que su flujo no es uniforme
que aunque estamos en este mismo cuarto
no habitamos el mismo espacio,
la misma carne, célula o molécula.

¡Nuestros fenómenos son desde su nacimiento distintos!
¡No aspiremos a la convergencia!
¡No deseemos la búsqueda de lo mismo, lo contrario o de lo complementario!
¡Reconozcámonos sólo en nuestras intersecciones,
porque el balance también es asíncrono!
o, ¿será que todas las fuerzas de este universo se equilibran al instante?

Si pidiéramos sentir lo mismo al mismo tiempo
también estaríamos pidiendo que nadie aprendiera nada nunca,
pediríamos la extinción del individuo
el narcisismo de la autocomplacencia
y cogerse a un espejo.

Necesito nuestras diferencias
y su aceptación como elevada forma de compartir,
¿qué habríamos de compartirnos si tuviéramos exactamente lo mismo?

domingo, enero 08, 2017

Anormalidades azucaradas

Mi tranquilidad
fue sentir que no te saciaría el deleite
que te aburriría
la repetición diaria de mis treinta y siete grados
entre dos ojos y medio pie,
intenté inútilmente conseguir
el cansancio de tus nalgas sin orgasmo siendo inmóvil,
desvistiéndome a pedazos,
eyaculando por fragmentos,
emocionándome en regiones,
como esa región que nunca nos tocamos
por miedo epóxico
no a la adhesión sino al despegue
despegue sin pista ni vuelo
despegue de quinto grado
que arrancara piel, hueso, médula y ganas de respirar
despegue que se sintiera salto
y velocidad de escape astronómica
que se sintiera desafío a la gravedad
o satélite en deriva.

Mi verdadero miedo fue
que sí te hiciera feliz coger entre témpanos a menos quince celsius
y que el hielo caliente se transformara en tu figura
que buscaras la hipertensión como máquina
y que sí te quedaras ahí
en la monotonía de esa recaída persistente,
frecuente pero sin ritmo, sin calor ni ganas,
sin búsqueda ni esperanza.

Mi verdadero miedo
es que te haga feliz la supervivencia
y que a mí también.