lunes, junio 24, 2013

16

Decía frases como «con toda sinceridad»,
reafirmé lo más evidente, con cara de asombro ridícula,
apelé por la caballerosidad, la cortesía.

Decía estar preparado para el rechazo
aunque lo provocara,
decía ser «liberado».

Negué ortografías,
renegué de mí mismo.

Usé analogías de cuadernillo de auto ayuda,
creyéndolas grandotas,
abusé del refrán,
rimé en infinitivos.

Creí tener la razón.

Vi con vendas de verso,
oculté tu cuerpo desnudo.

Amé sin acercarme,
rechazante,
confundí andar con nadar.

Le pedí a las morritas paletas que
no le hablaran a sus ex novios,
carcajearon en silencio.

Exigí sin dar nada a cambio.

Los 16.

Misión

Como citadino ridículo
muchas veces he pensado
en esos momentos desesperados
en que la gente, a esas horas
se comía con los claxons
arrojándose miradas
de navaja afilada
deslizada / en cuello / vecino.

Desprecié, como desprecio,
al entrometido del lugar penúltimo,
a la señora del auto incendiario
que no sabía que usaban aceite
o el cleptómano que se cree invisible aguja.

Abrí los ojos, y nos vi,
ahí a todos armados
con automáticas
con manuales
con cartuchos cargados
con mirillas láser
y seguros liberados.

Nos vi todos de noche fría
asustados, sin salida
con el dedo en el gatillo
en terreno enemigo
los ojos vendados
atrincherados
las cabezas hundidas
en recuerdos de mañana
dividos en bandos del individuo
con comando del tiempo inmutable
que no supo / su corriente.

Guerra.

jueves, junio 06, 2013

Simulacros de identidad

Me di cuenta que la voz
que resonaba en mi cabeza
no era la mía, ni la suya,
que los ojos con que me veía al espejo
eran los tuyos,
que mi rostro no era como yo decía
sino como nadie insistió.

De las veces que me pinté
solitario pintándome
con pinceles sin tinta
entre lienzos de palabra
que escondí entre líneas.

Si hasta las palomas
me ignoraron transparente
cuando chocaron instantáneas
contra el cristal de mi existencia.

Diluyeron mi eco
con sus gritos imperantes
de piedra ovalada
que nunca supieron / de rebotes.

Reinterpreto mis recuerdos
que codifiqué
en una lengua que no es mía
y los siento tan ajenos,
como inyectados.

Me mostraste mis identificaciones
todas con nombres que me pusieron,
que nunca acepté
fotografías de un yo muy otro
con huellas dactilares de piel que ya mudé
impresiones de iris ya quemadas,
termografías de cuerpos inertes,
muestras de ADN / mutado.

Si intentaste definirte autoreferente,
de sistema cerrado
¿por qué quisiste describirme
con sistema agotado?

Fundidora

Entre bicichairos y bicichoppers
compré unas palomitas
para ver a las lesbianas,
que entre chicharras
se revolcaban / en prados / agotados.

Busqué espacio lejos de los mercaditos
de macetas hechas con latas de coca-cola,
de agua de manantial deshidratada,
de explotadores pintados de verde
y regios que se cubren el sol, según,
con paraguas.

Lejos de novias en vestidos converse,
y lentes de cámaras profesionales
que se extienden hasta el culo,
o morritas paleta que buscan iluminación de estudio
en los calzones.

Pero me apendejé
y aquí llegué.

jueves, abril 04, 2013

Ahora

Mis brazos me lloran,
mis ojos retumban,
mis oídos están ciegos,
mis dedos ya no me crecen,
mi cabello tiembla.

Me pongo lentes en la boca,
para que enfoquen mejor mis labios,
uso férulas en los ojos
cuando los lastimo.

Perfumo mis oídos,
peino el gusto, la lengua,
visto mi nariz
con holgadas ropas,
sentía crecer vello
en mis uñas.

Ponías condones en mis ojos,
insistente, pues te aterraba el embarazo,
te gustaba lamerme y manosearme los párpados,
a veces veía como se te pegaba un vello de mi pupila.

Te sentabas sobre tus mejillas,
maldecías con el ano,
inhalabas, con los cabellos.

Mascábamos con las uñas,
que a diario cepillábamos y a veces pintabas de blanco,
comíamos con las manos.

Te gustaba que te agarrara fuerte por los tendones,
me lo decías nerviosa,
que te relamiera la linfa,
que te arañara los huesos,
pero eso sí,
que no te desparramara la médula...