lunes, noviembre 28, 2011

El consejo del cromo

El psicólogo del cromo sordo recetándole
azotes a su reflejo mientras éste
contándole en señas sus delirios
de enmudecimiento se queda.

Dícele que se pierda la risa
que se calle las letras
que desnuble su torrente acidificado.

Sugiérele que se espante
dese la vuelta de cabeza,
beba agua hasta ahogarse,
pero con destreza.

Consejo del cromo procura
en aguas empapadas de versos inciertos,
de dichas no pasadas,
de cantores sin ritmo,
de ruidos sin sonido
que se rebota en el abismo,
de destruido con impotencia.

Cromo se derrite, se ahueca,
se absorbe a sí,
se compacta y viaja a la nada
que no encuentra en su metal estrecheza
y no entiende sin rotar en sí mismo.

En su aviso se consigue donde encajarse,
donde perderse,
verterse y vaciarse,
que es lo que más desea,
para encontrarse a sí
filtrado en los poros de manos diminutas
que escurren de bocas
profanas que se atragantan
al comerse a ellas mismas.

Todo esto en la contracción de un diafragma
detenido por la crítica concentrada
que no permite ni un quejido aislado
de satisfacción frenada.

Cromo ya no vino.

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