domingo, marzo 22, 2009

Forzándote a escribir

Son las tres de la madrugada,
estás tirado en tu cama,
llevas cinco hojas
de supuestas ideas tuyas
a la basura,
aburrido, «todo está bien»,
no estás diciendo nada,
forzándote a escribir.

Te ríes de ti mismo
mientras escribes esto,
y divagas acerca de la recurrencia
de escribir exactamente lo que estás pensando,
ideando sobre si lo que escribes puede llegar
a estar escrito antes de que lo estés pensando
o si lo que piensas se piensa
justo antes de que lo escribes,
o si primero escribes y luego piensas
o todo junto y viceversa.

Forzándote a escribir
escribes estupideces,
describiendo como te fuerzas,
por el sólo placer
de mover tu mano sobre el papel
y preguntas de nuevo:
si te da placer, ¿sigues esforzándote?.

Carajo, acabas de descubrir una afición dormida,
que has tenido por los trabalenguas,
juegos lógico-estúpidos,
retando a la inteligencia,
y prefieres los de solución ninguna.

Duerme, que ya no sabes que escribes
o si lo que escribes te escribe a tí,
duerme y deja de seguir forzándote a escribir.

Duermo.

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