domingo, septiembre 02, 2007

Fiebre

Empecé a quemarme por dentro,
fuí, te ví y sentí
esa necesidad de tocarte,
de abrazarte, expresarte
mi sentir,
ganas de no pensar
de dejar las cosas pasar
de imaginar, de besar
no sólo por curiosidad
¿quizá por mi fiebre será?

Mi fiebre revela más,
errores de años atrás
jamás declararte mi amor
y no por miedo a la decepción
miedo de saber
que no eres mi ilusión,
de que a mí hicieras
lo que aquella vez...
Pasando tu pretendiente va,
y tú lo percatas
soberbia derramas,
diciendo:
"Me lloró y me llorará,
jamás me alcanzará
valgo mucho más
de lo que puede pagar,
mi joya eterna brillará
a nadie se entregará,
anda dime ya
me amas de verdad
y nunca me tendrás".

Tu soberbia mostraste
mi pensar adiestraste
amor juré callarte,
para tu boca cerrarte
y jamás pudiera escucharte decir:
"Ese que va allá
triste, cojo y demás
confesó todo su amar
me entregó su sentir, su pesar,
su cantar, su llorar, su pensar
y con todo su ser yo ya
¿por qué suspiro mio
se habría de llevar?
Nada más tiene que ofrecer,
como para llevarse una miga de mi ser.
¿acaso cree que
con sólo amar
con él me iba a rebajar?
Ese tonto está mal."

Evitando eso procuré
guardar el sentir de mi ser,
pero tú deseosa de saber
de comprobar tu creer,
preguntaste de una vez:
¿recuerdas aquella vez
en la qué te consolé?
Sí, contesté.
Dime, ¿por qué lloraste?
respuesta solicitaste,
confundido pero frío,
sabía qué debía contestarte,
sin embargo recapacité y recordé:
"si doy mi amor su soberbia volverá
luego me rechazará,
se enzalsará
y me partirá"
Callé mejor
seguí la ilusión
con tal de no sufrir la última,
la peor decepción.

Años después por fin comprendí,
esto que escribí,
pero jamás entendí
¿por qué preguntaste algo así?

Pero bueno,
bajo efecto de mi fiebre estoy
por el callejón del delirio voy
todo esto ya no importa hoy,
sólo que sigo enamorado de tí
de la perfecta, la que me llena,
la que necesito, la hermosa,
la doncella, la joya, la aguja del pajar,
la perla entre piedras,
la que no tiene cuerpo definido
sólo habitas en mi mente,
de vez en cuando escojo un pedazo de carne
y ahí te ideo
tú mi amor y la mente que ya tenía el cuerpo
en conflicto eterno,
producto de mi imaginación, de la perfección,
de mi deseo,
deseo de que existas,
de que algún día encuentres un cuerpo
en el que por fin te puedas quedar.

Y luego despierto...
con mi fiebre.

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